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| Los Tratados de Guadalupe Hidalgo y de la Mesilla Estados Unidos había querido, desde sus inicios como nación, extenderse hasta la costa del Pacífico, y en 1846 inicia una guerra contra México para despojar a nuestro país de los territorios que lo separaban de esa meta. Al terminar ésta, el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, de 1848, estipulaba que México perdía, además de Tejas, los actuales Estados de Nuevo México, parte de Arizona y California. En nuestra región, la frontera se establece entonces en el actual Phoenix, a lo largo del río Gila, según reza el mismo, y como aparecía en el mapa de Disturnell:
El hallazgo de la ruta hizo pensar a EEUU que se podría aprovecharla para construir una vía ferroviaria transcontinental que atavezase a toda esa nación, con la ventaja de que no quedaría bloqueada por las nieves de invierno, como ocurría con otras rutas situadas más al norte. Y como nos recuerda Goetzmann: Fue con estas consideraciones en mente que Emory personalmente aconsejó al Secretario de Estado, Buchanan, pedir una línea fronteriza nacional en la latitud de 32° norte en las negociaciones con México. El creía que esta incluiría la ruta trascontinental, ya fuese para carretas o ferrocarriles, y que el obtener esta ruta era vital para controlar los ataques indios y las tropas que se dirigieran a California, así como para el desarrollo económico de los territorios recién adquiridos. De esta manera, en 1854 los EEUU, a través del Tratado de la Mesilla, obligaron a México a venderles la porción de terreno de la ruta de Cooke. En adelante, la frontera quedó definida como sigue: Art I. Partiendo del río Bravo, a los 31° 47´, y corriendo hacia el Oeste a lo largo del mismo por 100 millas, para después voltear hacia el Sur hasta llegar en una sección meridiana hasta el paralelo 31° 20´. En seguida, dirigiéndose al Oeste a lo largo de este otro paralelo hasta el punto en que encuentra al meridiano 111°; y finalmente, desde este último punto, en una recta hasta otro, situado 20 millas inglesas río abajo de la confluencia entre el río Gila y el Colorado y siguiendo después al río hasta encontrar la frontera ya establecida entre ambas Californias. Un año después fueron nombradas las comisiones de ambos países para realizar la medición sobre el terreno de la nueva frontera. Los EEUU encargaron al mismo que había hecho la recomendación ya citada, William H. Emory, la tarea de realizarla, mientras que por parte de México fue comisionado José Salazar Ylarregui. Sin embargo, debido a las dificultades políticas en México, Salazar no logró realizar su labor y Emory empezó a medir, él sólo, la nueva frontera. Salió de El Paso en febrero de 1855 y demarcó la frontera, siguiendo a lo largo del paralelo 31° 47’ por 100 millas al oeste; de allí se dirigió al sur hasta encontrar el paralelo 31° 20’, siguiéndolo ahora hacia el oeste hasta su cruce con el meridiano 111°. En mayo llegaba al rancho de Los Nogales y aquí encontró que la intersección estaba situada unos 12 km. al oeste del rancho. Aquí mismo recibe noticias que el Comisionado mexicano, Salazar Ylarregui, había sido hecho prisionero por los triunfadores del Plan de Ayutla, que derrocaron a Santa Ana, y llevado a Chihuahua. También en Nogales se reune con otro de los ingenieros mexicanos, el Capitán Francisco Jiménez, quien había intentado realizar la medición entre el río Colorado y Los Nogales, aunque el clima, la falta de recursos y la deserción de su escolta le habían impedido realizar su tarea. En esa reunión, Jiménez le dice a Emory que, como lo estipula el acuerdo, la sección mexicana debía realizar sus propias mediciones y fijar por su lado el punto de la confluencia entre el paralelo 111° y el meridiano 31° 20’. Emory a su vez le pregunta a Jiménez si podría éste creer que el equipo estadounidense fuera capaz de intentar engañarle, a lo que Jiménez responde que ninguna persona sería capaz de realizar un fraude sobre su propia reputación, y declaró estar de acuerdo con el punto de confluencia fijado por Emory. En seguida, se acordó que Jiménez fijase un punto intermedio en la línea, cerca de Quitobaquita, y que Emory aceptaría ese punto como válido. Concluida la misión, regresaron los comisionados a sus lugares de origen, habiendo dejado a lo largo de la nueva frontera una hilera de mojoneras de piedras para demarcarla. En el punto en que el arroyo Los Nogales cruza la frontera, otra mojonera de piedras fue erigida, la que permanecerá allí, a la sombra del acantilado (de la actual Calle Elías), por más de 40 años, hasta que fue reemplazada por el obelisco que existe hoy.
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