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| Ideologia y Clases Sociales en el Porfirismo
En el proyecto de construcción del Ferrocarril de Sonora se manifestaron diversos puntos de vista sobre el rumbo que debía seguir el Estado. El gobierno nacional por muchos años se había opuesto al desarrollo sonorense porque temía la pérdida para México del territorio fronterizo; ya lo había dicho Lerdo de Tejada: "vamos a cultivar el desierto", es decir entre los EEUU y México. No fue sino hasta el porfiriato cuando se abandonó, aún con recelo, esta perspectiva y aceptó el gobierno federal el desarrollo de la frontera, basado en la construcción del ferrocarril. En cuanto a la recepción de los sonorenses a esta obra, cuando se anunció el inicio de su construcción, el pueblo manifestó sus dudas con actos directos: oposición de los rancheros, sabotaje y una campaña periodística del Monitor del Comercio de Guaymas. Por otro lado, la élite y el gobierno estatal apoyaron totalmente su construcción. Un interesantísimo editorial publicado entonces en La Constitución, periódico oficial, merece ser reproducido al menos en parte: "Quien vencerá siempre es el progreso" Sin darnos cuenta de ello, hemos caído en el terrible dilema de Hamlet: ‘To be or not to be’. Vamos a demostrarles a las naciones extranjeras que temen hoy por nuestra nacionalidad, que al americanizarnos nos mexicanizamos más, ya que al educarnos en sus escuelas nos haremos más fuertes, más respetables, y podremos defender mejor la integridad de nuestro territorio nacional. Asociada con esta interpretación, igualmente surgió por entonces otra idea que divulgara un estadounidense, el Cónsul Frederick Simpich, en un artículo que publicó en la revista National Geographic: "Los mexicanos de otros Estados llaman a estos nativos de Sonora ´los yankees de México´ debido a sus hábitos de ahorro, de avance y cercana relación con los americanos" Sin embargo, contraria a esta interpretación del sonorense, común aún hoy en el centro del país, la verdad es que la respuesta del sonorense no es homogénea ante el progreso sino determinada por el estrato social y condición económica a que se pertenezca. Clases Sociales Por ejemplo, el Sonora y el Nogales de entonces no fueron únicamente la población urbana, progresista, sino que también coexistía con el otro, el de la sierra, el agricultor y el ganadero, el Sonora de los rancheros que vieron pasar incontables generaciones en un proceso ahistórico sembrando la tierra, cuidando los animales, luchando contra el apache, es decir, siguiendo los ciclos anuales de la naturaleza. Esos nogalenses permanecieron en sus porciones de tierra intentando conservar su modo de vida precapitalista. Por eso el ranchero, tanto de Nogales como de Sonora, primero se opuso al Ferrocarril, aunque después, con el auge económico del porfiriato, continuó su oposición de una manera subterránea y sólo más tarde, al terminar la revolución, nuevamente afloró en oposición a los intentos del gobierno federal para dirigirlos, enfrentándose primero en contra de Calles, luego de Cárdenas y aún después contra el del desarrollo industrial del agro por Abelardo Rodríguez. Pero no nos adelantemos. Además de estos dos sectores poblacionales nogalenses (urbanos y rancheros) no constituyeron el todo, sino que también estaba la gran masa, los recién inmigrados tanto a Nogales como a Cananea o a otros centros urbanos del porfiriato. Ellos constituyeron la base humana que sostuvo el crecimiento económico, es decir los obreros de las minas, los trabajadores de la agroindustria incipiente y de la naciente economía urbana. Esta masa, para 1895, en Nogales provenía en su gran mayoría de Sonora mismo (85% de la población total), exactamente la mitad tenía menos de 20 años, poco más de la mitad sabían leer y escribir (53%) y se empleaban en su mayoría como peones de campo (21%), mineros (12.5%), comerciantes (9%), domésticos (9%), y empleados públicos (6%), además de otras actividades menores. Ideología En cuanto a manifestaciones ideologicas del Nogales porfirista, las celebraciones seculares eran el 5 de mayo, el 4 de julio y el 16 de septiembre, cuando los desfiles y concursos deportivos se extendían por la dos poblaciones. Además, todos los años el Ferrocarril de Sonora ponía corridas especiales el 4 de octubre para que pudieran ir los fieles a las fiestas de Magdalena. La antigua celebración del otoño indígena se había transformado en una fiesta doble: los indios pápagos acudían a celebrar con borracheras el fin del ciclo anual de vida de la tierra, mientras que los sonorenses a hacer peticiones personales directas a la imagen de un San Francisco de Asís (franciscano), festejado la fecha en que la liturgia católica celebra a San Francisco Xavier (jesuita). Igualmente, 1895 vio el inicio de la festividad primaveral del carnaval en Nogales, festividades que durarían hasta la Segunda Guerra Mundial. En 1890, los principales nogalenses fundaban la delegación en esta población de la Sociedad de Artesanos Hidalgo, siguiendo el ejemplo de la de Guaymas, una sociedad mutualista que seguía las ideas anarquistas de Proudhon, las que habían tenido gran seguimiento en la Francia de los 1860 y que aquí en Sonora, curiosamente, habían sido diseminadas por Ramón Corral y aquellos notables porfiristas influenciados por la cultura francesa. Estas sociedades mutualistas rechazaban tanto la acción política como la violenta, en favor de la reforma de la sociedad a través de la diseminación pacífica de asociaciones de obreros dedicadas a otorgarse crédito mutuo; aunque por otro lado tenemos que reconocer que los políticos porfiristas meramente habían canalizado las tendencias ideológicas ya existentes de algunos sectores de la población al establecer este tipo de asociaciones. Ese mismo año se fundaba también el Club Filarmónico y en 1897 se integraría del lado arizonense de la frontera la Logia No. 6 de la Alianza Hispano Americana, aunque la principal asociación de ambos lados de la frontera fue la de los Masones. La primera logia en Arizona, el capítulo de Aztlán, recibió sus patentes en 1886, y La Logia No. 9 de Masones Libres y Asociados, de Nogales, Az, obtuvo permiso el 15 de octubre de 1897 para recibir en su seno a los nogalenses mexicanos por no haber una logia del lado sonorense. En Nogales, Sonora, por otro lado, poco después se integraría la Logia No. 250, Emilio G. Cantón, la que, siguiendo las diferencias en el centro del país durante el porfiriato entre la Gran Dieta Simbólica y la Gran Logia de México, cambiaría varias veces su afiliación entre ellas, hasta fines de 1905 en que se unieron las dos Grandes Logias. Después de la muerte de Jesús Alonso Flores, en 1909, la logia local adoptó su nombre, y Manuel Mascareñas fue nombrado Delegado del Supremo Consejo en el Estado de Sonora.
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