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| Primeras Expediciones No había pasado medio siglo de la llegada de Colón a América cuando ya las grandes civilizaciones del centro de México habían caído bajo el control de las armas españolas. Para la década de 1530, diez años después de la conquista de Tenochtitlan por Cortés, ya se había establecido firmemente la presencia española en el actual Sinaloa. Esa misma década Sonora era pisada por primera vez por europeos.
Entonces, el virrey Antonio de Mendoza organizó una pequeña expedición, encabezada por Fray Marcos de Niza, y teniendo como guía al mismo Estebanico, para investigar esas regiones desconocidas. En un lugar llamado Vacapa (no se sabe si en Sinaloa o Sonora), el fraile envió a Estebanico a adelantarse e investigar. Poco después, éste mandaba por de Niza, habiendo oído historias de los indios de las que dedujo que más adelante se encontraban las legendarias Siete Ciudades de Cíbola y Quivira (que eran en realidad una leyenda europea, derivada de las novelas de caballería). Sin embargo, Estebanico no esperó al fraile sino que, sólo, se adelantó adornado con vestimentas de brillantes colores, plumajes y colgajos con que intentaba impresionar a los nativos. Todo iba muy bien hasta que llegó a Háwikuh, en el actual Nuevo México, en donde sus habitantes lo mataron a flechazos e hicieron huir a sus acompañantes. El fraile, al saber de la muerte de su acompañante, decidió continuar su exploración y, según narraría después, alcanzó a divisar una ciudad más grande que Tenochtitlan. Al escuchar estas noticias, el virrey Mendoza no perdió tiempo y organizó una gran expedición militar para tomar posesión de aquellas riquísimas regiones que el fraile les había descrito con abundancia de detalles. Bajo el mando de la misma quedó un amigo del virrey, Francisco Vázquez de Coronado, quien llevaba como guía al mismo Marcos de Niza. El 22 de abril de 1540 salía Coronado de Culiacán al mando de un grupo pequeño de expedicionarios, mientras que el grueso de éstos iría más lentamente al mando de Tristán de Arellano, a la vez que partía otra expedición paralela por mar, al mando de Hernando de Alarcón, para que abasteciera a la de tierra. Alarcón, llegó el 26 de agosto a la desembocadura del Colorado, aunque su corriente le obligó a desembarcar y continuar río arriba en dos lanchas con 20 hombres, alcanzando la confluencia con el Gila, aunque no encontró rastros de la expedición por tierra. Después regresó, llegando a Colima a principios de noviembre con la prueba de que California no era una isla sino península. Con el tiempo, este conocimiento se olvidaría. De no ser así, Kino no tendría que haber pasado tantas peripecias para intentar probar de nuevo que sí lo es. Por su parte, el grueso de los expedicionarios, al mando de Arellano, habían acampado en el valle del río Sonora, en un pueblo que Cabeza de Vaca había mencionado como donde le ofrecieran corazones de venado para comer, y que los expedicionarios bautizaron como San Gerónimo de Corazones. A fines de septiembre era enviado Melchor Díaz con 25 hombres a intentar encontrarse con Alarcón, y después de recorrer el desierto de Sonora llegaba al río Colorado. Allí le dijeron los indios que Alarcón había estado río abajo unas semanas antes, y al ir al lugar, Díaz encontró una nota de éste donde decía que había descubierto que California no era isla, y que después de esperar muchos días sin tener noticias se había visto obligado a regresar porque los barcos se estaban pudriendo. Desilusionado, Díaz inició el regreso a Corazones, aunque murió en el camino debido a un accidente. Coronado, por su parte, continuaría su viaje exploratorio hacia Nuevo México y aún más al norte, aunque nunca encontró las fabulosas riquezas que intentaba descubrir. La desilusión que trajo consigo esta fallida expedición, aunada al descubrimiento de las minas de plata de Zacatecas, en 1542, enfriaría el interés por financiar este tipo de expediciones. En adelante se estructuraría una manera diferente de penetración hispana a lo desconocido a través de un nuevo método: utilizar ya no las armas sino el convenicimiento, ya no la espada sino la cruz, ya no la conquista bélica sino la Conquista Espiritual, como se le ha llamado atinadamente, aunque también fue la conquista económica del indígena. | ||||||||||
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