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| Trabajo y Clases Sociales La sociedad colonial sonorense estaba dividida en dos repúblicas o sectores poblacionales principales:"gentiles" (indígenas no conversos) y "gente de razón" (cristianos). Los Indígenas: La Misión se encargaba de la administración temporal y espiritual de los indios. Desde el punto de vista legal, el sistema misional en Sonora estaba basado en el Regio Patronato, una especie de contrato entre el Papado y el Rey de España: el Rey financiaría al sistema misional a cambio de que el Papado le concediera la autoridad de nombrar y remover a los misioneros. Territorialmente, la misión no se restringía únicamente a la iglesia donde vivía el misionero, sino que comprendía la cabecera misional, las visitas o lugares habitados que recibían al misionero cuando hacía recorridos periódicos de la área bajo su cuidado y los terrenos de ganadería y de agricultura que pertenecían a cada jurisdicción misional. Económicamente, la misión dividía las tierras en dos tipos: Las tierras comunales, conocidas también como temporalidades, que eran administradas por el misionero y en las que los indios tenían la obligación de trabajar 3 días a la semana, y cuyos productos servían tanto para el mantenimiento del mismo sistema misional como de alimentación para los indígenas de la misión. El resto de las tierras de la misión se entregaban a los jefes de familia indígenas para que las cultivasen de una manera privada, aunque esta entrega era únicamente en usufructo, no como propiedad, y por lo tanto era inajenable. El Trabajo misional. Aunque en otras partes de Sonora se practicó el repartimiento de indios, llamados tapisques, para que trabajasen en las minas de los españoles, a los cuales se les pagaba también un salario, en la Pimería Alta no se practicó éste ya desde el principio del sistema misional. Lo que sí hubo, como veremos más adelante, fue la emigración temporal y voluntaria de los indios para trabajar en actividades económicas de los españoles, donde recibían salarios, además del llamado partido, una bonificación por la que el minero se podía quedar con la cantidad de metal que extrajera por encima de la cuota diaria de producción establecida. Para ellos, este trabajo fuera de la misión vino a sustituir su antigua costumbre de emigrar a las montañas en ciertas estaciones para complementar sus medios de subsistencia. Y después, esta costumbre se extendería aún hasta a los trabajos relacionados con la misión misma. Ya lo decía, por ejemplo, el misionero de Cocóspera, cuando construía su iglesia en 1796: "todos son operarios de la iglesia que se está fabricando y concluida ésta se ausentarán" lo que significa que eran trabajadores asalariados, y de permanencia temporal allí. Socialmente, los indios estaban divididos en varios estratos: uno más alto que el resto, de escaso número, consistente en aquellos que servían como auxiliares en la lucha contra las tribus no dominadas o eran dirigentes de la masa indígena, lo que les había permitido ascender en la escala social impuesta por el europeo. Por debajo de éstos estaba el resto de la población indígena, la masa humana que constituía la mayoría de la población de la región. Gente de Razón: Además de los indios se encontraba también "la gente de razón": los españoles, criollos y demás castas, cuya administración espiritual estaba a cargo del clero secular, es decir los sacerdotes. Para entender mejor a este segmento de la sociedad es necesario analizarlos tanto desde el punto de vista de castas o racial, como el económico. En cuanto a las castas, tenemos a los europeos, los cuales se encontraban divididos en varios estratos sociales, en relación con la función económica que desempeñaran, como veremos más adelante. Además estaban los "coyotes", mestizos de español e indígena (el concepto mestizo se empezó a usar aquí hasta principios del siglo XIX), mulatos y vagabundos que intentaban encontrar un nicho dentro de esta estructura socioeconómica que no había sido diseñada para ellos. Subsistían como podían, vagando entre las misiones, y sólo en muy pocos casos lograron alcanzar fortuna en lo personal, ya sea dedicándose al comercio o por haber encontrado un filón de plata que los hizo ricos. Finalmente estaban los esclavos, generalmente de ascendencia africana, que fueron importados para trabajar en actividades principalmente de servidumbre personal, no sólo para los laicos sino también para los misioneros, aunque con el transcurso del tiempo y la carencia de mano de obra, los apaches fueron gradualmente cubriendo este nicho social y económico, cuando en las campañas militares que se realizaron en su contra, sus infantes eran llevados para ser criados por las familias bien y con el tiempo se convirtieron en sus sirvientes personales. Hay que agregar que esta división en castas no fue muy precisa en Sonora, ya que con el transcurso del tiempo y lo aislado de la vida cotidiana llevó al surgimiento de grupos intermedios, como veremos más adelante. Económicamente, "la gente de razón" estaba dividida en las siguientes categorías. Aquellos que pertenecían a los altos mandos presidiales, que generalmente aprovechaban su posición para mejorar económicamente. Los soldados que integraban los Presidios (es decir, los que conocemos actualmente como fuertes militares), cuya función era conservar la paz. El resto de la población hispana, constituida por los vecinos, gente que se dedicaba a diversas actividades en menor grado: minería, ganadería y agricultura. El mestizaje sonorense. A diferencia del centro del país, donde existe un galimatías de castas, en Sonora los únicos conceptos raciales que se manejan comúnmente durante la Colonia son: español, mestizo, coyote y mulato, y aún muchas veces sólo subjetivamente. Ejemplos de ello abundan, como la costumbre de calificar aquí a muchos hijos de español e india como españoles en vez de mestizos, como ocurría en el centro de México. Así tenemos el ejemplo de los 8 censos de la Pimería Alta de 1801 (Tumacácori, Cocóspera, San Ignacio, Sáric, Tubutama, Ati, San Xavier del Bac y Caborca), que tienen once casos conocidos de uniones mixtas con descendencia: en 7 de ellos, los hijos fueron asignados a la raza del padre, en 3 a la de la madre y en uno no se especifica la raza del hijo. Además podemos ver en los registros parroquiales que en muchos casos el calificativo de español, mestizo, coyote o mulato depende de un juicio subjetivo del misionero que hace el registro, ya que en distintos sacramentos el mismo individuo es calificado de diferente manera. La Interrelación Económica Misión y Sociedad Estas tres actividades económicas podemos a su vez clasificarlas en cuanto a su oposición o no al régimen misional. Los mineros no competían directamente con la Misión, ya que sus productos cumplían en cierta manera la función de moneda en la región, además que sus calendarios de actividad no estaban en conflicto directo con los calendarios económicos de la misión. Los ganaderos y agricultores que, éstos sí, competían con la misión en la producción del agro. Muchos de los ganaderos españoles eran o habían sido militares, principalmente de mandos superiores en la región, y su inicio en esta actividad es anterior a la llegada de los misioneros a la Pimería Alta. Así está el caso de un capitán español que fundara un rancho ganadero en el actual San Lázaro, en donde llegó a tener más de 9,000 reses aún antes de la llegada de Kino a la Pimería. | ||||||||||
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