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Despues de Kino

Después de la muerte de Kino, el Padre Agustín de Campos desde San Ignacio continuaría la tarea de realizar viajes exploratorios y de sostener la llama del cristianismo en esta región. Como ha dicho el historiador Charles W. Polzer:

"Kino pasó veinticuatro años poniendo a la Pimería en el mapa, Campos pasó cuarenta y tres manteniéndola allí".

Para 1715, Campos había realizado tres viajes hacia la costa y, en 1721, acompañado de Manje, de nuevo iría a intentar encontrarse con el misionero californiano, Juan de Ugarte, quien había construido un barco para explorar el litoral del Golfo. Sin embargo, la guerra de secesión española impidió que fueran enviados más misioneros a la Pimería Alta.

Para entonces se manifestaban ya aquí los estragos de las epidemias introducidas por los europeos, como nos narra con su conciso estilo el mismo Campos en 1720:

Desde el año 1716 en estos tres pueblos [San Ignacio, Imuris y Magdalena] en las correrías anuales ya al norte, ya al poniente, he bautizado hasta ahora un mil y cuatro almas: los más, párvulos de pecho; otros de edad hasta doce años; los menos, adultos. ... pues en la segunda visita hallo que muchos de mis infantes, bautizados en la antecedente, se fueron ya al cielo; y muchos, pocas horas después de bautizados. ... La nación pima es muy larga y, aunque las epidemias la han notablemente minorado, es mucho todavía el gentío..."

En 1727 llegaba a la Pimería el Obispo de Durango, bajo cuya diócesis se encontraba entonces esta región; y al ver el abandono en que se encontraba ésta, logró la asignación de tres misioneros más. En 1732 llegaban los jesuitas Felipe Segesser von Brunegg a San Javier del Bac, Johann Grazhofer a Guevavi e Ignacio Keller a la misión de Suamca (actual Santa Cruz).

Keller permanecería allí el resto de su vida, casi 30 años, formando una leyenda sobre su actuación, como opina el historiador Gerard Decorme:

"El padre Keller, durante tantos años [de estancia en Suamca] se convirtió en una especie de cacique de esas montañas...".

En un informe elaborado por Grazhoffer, se estimaban en algo más de 1,400 almas las comprendidas en su misión, que abarcaba, además de su cabecera, a las visitas de Sonoita, Arivaca, Tumacácori, Tubac y al sur el cercano valle de San Luis.

Las pugnas por la posesión de la tierra en esta región estaban todavía en el futuro, y es probable que por entonces los mismos jesuitas hayan permitido a los españoles prominentes que fundaran ranchos en los lugares más apartados o peligrosos de su jurisdicción, para que actuaran en una especie de colchón de mutua protección contra las depredaciones apaches, al mismo tiempo que la misión ayudaba a aquellos hispanos destacados que favorecían los fines de los misioneros.

En la región del valle del Santa Cruz, en o cerca del actual Buenavista (Mascareñas), por entonces ya habían sido establecidos algunos ranchos ganaderos de hispanos laicos. Probablemente el primero haya sido el de Nicolás Romero y su mujer, María Ifigenia Perea. Romero diría alguna vez que había llegado allí alrededor de 1720.

No se sabe mucho de la estancia de Grashoffer en Guevavi. En julio del año de su llegada, 1732, junto con Keller y Segesser acudió a San Ignacio a celebrar el día de San Ignacio de Loyola y a realizar los Ejercicios Espirituales anuales y después regresó a Guevavi. A fines de la primavera siguiente el padre Segesser lo encontraba moribundo.

Después de enterrarlo y que Segesser tomara su lugar allí, el siguiente julio nuevamente Segesser y Keller, debido a que Stiger había dejado Bac, hicieron arreglos para de nuevo acudir a San Ignacio a celebrar el natalicio de San Ignacio de Loyola, y nuevamente surgieron problemas.

Los indios de Santa María abandonaron su misión y cuado Segesser regresó a investigar a Guevavi, encontró que también los suyos habían abandonado la misión, llevándose el ganado y caballos. Además, en Bac se robaron todo, incluyendo las vestimentas y todos los utensilios religiosos.

Después Segesser sería reasignado a la Pimería Baja, quedando sola Guevavi, la que sólo recibía las visitas ocasionales de Stiger desde Bac. Para entonces, el anciano Padre Campos de San Ignacio mostraba ya señales de desequilibrio mental, y al ser relevado en 1734, el padre Stiger de Bac fue enviado a reemplazarle en San Ignacio. Ahora toda la porción norte de la Pimería Alta a lo largo del río Santa Cruz: Soamca, Guevavi y San Javier del Bac quedaría bajo el cuidado de Keller.

Dos veces, en 1736 y 1737, éste realizaría viajes exploratorios al río Gila, además de otros a las visitas de su jurisdicción, como Guevavi y el valle de San Luis, mientras que ese último año San Ignacio recibía la visita del Obispo de Durango, Martín de Elizacoechea.

Al mismo tiempo, la población de hispanos a lo largo del valle del río Santa Cruz, en especial el de San Luis, seguía incrementándose, como lo prueban los libros de Soamca durante las visitas de Keller a Guevavi: los bautizos de un hijo de Luis Pacho y Juliana Romero, una hija de Juan Núñez y María Rosa Samaniego, un hijo de Agustín Fernández y María Antonia Romero, etc.

  
    
     

 

 

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Registro No: 03-2002-061716581500-1

Para utilizar esta información, se debe citar la fuente:
Autor: Alberto Suarez Barnett
Obra: Bosquejo Histórico de Nogales, Sonora
Fuente: http://www.municipiodenogales.org

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