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| (1810 a 1840) Decaimiento misional Además, cuando el Presidente de las misiones, Fray Francisco Moyano, oye rumores acerca de Creó acude a Oquitoa e intenta reprenderle. Creó le insulta de tal manera que Moyano decide huir e irse a Ati, aunque allí le sigue Creó y se le abalanza con un cuchillo frente a todo el pueblo. Desarmado y amarrado, continúa profiriendo obscenidades aún cuando se lo llevan amarrado de la misión. Pero no acaban ahí las cosas, después acusa al Teniente que se lo había llevado de Ati, y Fray Francisco Fontbona denuncia también a Don Francisco Bustamante, que estaba al mando del Presidio de Santa Cruz. En la investigación subsecuente aflora la vida privada, tanto de Fontbona como de Ruiz. El capellán de Altar declara cómo los dos frailes habían llevado una procesión de hombres y mujeres a caballo, cantando y bebiendo, mientras Fontbona cantaba los versos de Amor, amor, "haciendo gestos obscenos", y cuando Don Francisco Redondo abandonó aquella fiesta en disgusto, esa noche fueron a su casa, burlándose de él y gritándole "que era un jesuita". Un cabo de Altar agrega que a Fontbona le encantaban las fiestas y que un barril de aguardiente no le duraba ni un mes; que todos sabían de sus relaciones con Luz Durán y de su pleito borracho con el zapatero tapatío, además de que la semana santa pasada se había encerrado con unos soldados a jugar las cartas. Como consecuencia de la investigación Ruiz huye abandonando la misión de San Ignacio, mientras que Fontbona y Creó continúan con tácticas dilatorias, contraacusando a los demás franciscanos, causando con ello el escándalo en el sistema misional de la Pimería Alta. No es sino hasta 1817 en que Creó y Fontbona también huyen al amparo de la noche. Como dijera Fr. Narciso Gutiérrez: "La corrupción ha llegado entre nosotros", aunque a él no le toca ver el final del sistema misional, ya que muere sólo, sin recibir los santos sacramentos, en Tumacácori, el 13 de diciembre de 1820, siendo enterrado por los fieles, aunque sin registrar su fallecimiento en los libros de la misión. En septiembre 30 de 1826, José Juvera denuncia los terrenos del rancho abandonado de los Romero, Buenavista, y de María Santísima del Carmen, y su viuda, Josefa Morales, en 1831 adquiere ese rancho por $190. Se ha dicho que la Consitución de Cádiz, que fuera promulgada en 1813, es el origen de los ayuntamientos en América, y que en el norte del Estado, como consecuencia de su promulgación, se eligieron ayuntamientos en Cieneguilla, Pitic, Tubac y Tucsón. Sin embargo, como asienta Officer, "...no parece haber ninguna evidencia documental para sotener tal aseveración. La Constitución de Cádiz fue suspendida en 1814 y las comunidades sonorenes hoy consideran que el origen de sus concejos municipales radica en la Constitución de Occidente de 1825..." Además que, dentro de la Pimería Alta, continuará el régimen misional por mucho tiempo después de la promulgación de ambas constituciones, con lo que los pueblos no podrán elegir ayuntamientos todavía.
Al año siguiente, 1833, se presenta en Arizpe José Elías Redondo pidiendo que se le conceda el título del rancho de Casita, que su familia ha poseído por más de 90 años. Sin embargo, poco tiempo después regresa, ahora con la petición que también se le adjudiquen las demasías, si las hay. En 1840 muere en Pitiquito Fr. Faustino González. Había llegado a Sonora en 1805 y continuado la construcción de la imponente iglesia de Caborca y su vida ejemplar había hecho que los habitantes de Cieneguilla, en 1828, le protegieran contra el edicto de expulsión de todos los españoles de Sonora. Como muestra de su pobreza, González había usado durante toda su vida la misma silla de montar con que había inaugurado su apostolado. | ||||||||||
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