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De 1740 a 1750

El 1 de junio de 1737 recibía la misión de Guevavi el padre Alejandro Rapicani. Tres años después, el 9 de mayo de 1740, cerca de Soamca, el Cap. Juan Bautista de Anza (padre), era emboscado y muerto por los apaches.

Ese verano presenciaría también el levantamiento de los yaquis y mayos en el sur. El Gobernador Huidobro nombró a Agustín de Vildósola para combatirles, haciendo éste un brillante papel venciendo a los alzados.

BatucA fines de ese año el padre Rapicani era cambiado de Guevavi al sur de Sonora, en donde años después construiría una hermosa iglesia de piedra en Batuc, cuya fachada, al ser inundada esa región a mediados de la década de 1960 por la construcción de la presa El Novillo, fue llevada a Hermosillo, donde adorna actualmente la entrada norte de Villa de Seris (a la derecha podemos apreciar una foto de las ruinas de Batuc, tomada por mí en enero del 2001, cuando el nivel de la presa se encontraba muy bajo).

Para febrero de 1741 llegaba a Guevavi el único padre mexicano que serviría allí, Joseph Torres Perea, nacido en Chalchicomula, Puebla. A su arribo era también el más joven de todos los misioneros, con sólo 28 años, y le tocaría la difícil tarea de conseguir indios de las rancherías cercanas a Guevavi para reabastecer a los que morían por las epidemias en Guevavi. En los registros que dejó menciona algunas de ellas: Bacocut, Bacuacucan, Concuuc, Sopoc, Taupari, Toacuquita, Toaczoni, Tutup; posiblemente alguna de ellas haya estado dentro de la actual mancha urbana de Nogales. Nunca lo sabremos.

De los habitantes nativos, algunos aceptaban el bautismo en los meses iniciales de su estancia, otros huían y se escondían, según confesaría Torres en 1744.

Por otro lado, en el río Santa Cruz, ya desde la década de 1730 San Luis recibía el nombre de poblado, mientras que Santa Bárbara era un rancho ganadero de José Romero.

En 1741 se les adjudicaban dos y medio sitios de terreno a los herederos de José y Diego Romero en San Luis, mientras que Don Antonio de Rivera establecía una estancia ganadera cerca de Arivaca, y cerca del Sópori el Capitán Don Bernardo de Urrea tenía otra. Además, la ranchería de Tubac estaba habitada por otros españoles, como nos lo muestran los registros de Guevavi.

Al mismo tiempo, hacia el sur de Nogales, en 1742 era ocupado el terreno conocido como Cucurisulaqui (actual rancho de Casita) por el Cap. Francisco Elías González.

Por aquellos años la región más habitada del actual municipio de Nogales se encontraba situada en las márgenes del río Santa Cruz, y entre los apellidos que vemos en los registros de la cercana misión de Guevavi hay, además de los ya mencionados, Armenta, Barrios, Bernal, Chacón, Elizondo, Escalante, Jamiz, Leyva, Mondragón, Moraga, Pacheco, Pacho, Padilla, Peralta, Perea, etc.

De esta manera el valle del Santa Cruz continuaría su lento devenir. A partir de 1710, un año antes de la muerte de Kino, las depredaciones apaches se habían agravado y para mediados de siglo éstos dominaban toda una franja de la zona fronteriza norte de los actuales Sonora y Chihuahua. Para contenerlos, además del presidio de Fronteras, establecido en 1692, fue erigido otro en 1742 que quedó situado en Terrenate (no el actual poblado cercano a Magdalena sino al noroeste de Cananea).

Tres años después de su llegada, la primavera de 1744 era cambiado de Guevavi el padre Torres; y en mayo de 1745 llegaba un nuevo padre: Joseph Garrucho. Y nuevamente se repetía la escena ya tradicional de bienvenida de los indios de Guevavi a sus nuevos misioneros. Todos abandonaron el poblado, dejándolo con sólo la compañía de dos muchachos indios y un vecino. El Cap. Pedro Vicente de Tagle Bustamante, de Terrenate, acudió junto con Keller a resolver el problema, aunque tuvo que condescender a la petición de los misioneros de no castigarlos.

Durante la estancia de Garrucho en Guevavi, al menos tres epidemias azotaron la región diezmando la población indígena: 1747, 1749 y 1751. Para reemplazarlos, al igual que Torres Perea, Garrucho se dedicó nuevamente a recolectar a los que vivían en las cañadas y cerros cercanos a Guevavi. Desafortunadamente no tenemos la descripción de las rancherías visitadas, sólo algunos nombres: El Concuc y Upiatuban, posiblemente también alguno de ellos haya sido una ranchería dentro del actual Nogales, en alguna de las lomas que acotan la cañada.

La mayoría de la población nativa de Guevavi, diría después el padre Stiger, había sido reducida a la fuerza. Sin embargo, este mecanismo de reemplazar a los indios que morían, acarreando a la misión a los habitantes de toda la región para reabastecer la población de la cabecera, era indicativo de un proceso de agotamiento gradual de la razón misma de existencia de la misión: la población indígena.

Al mismo tiempo, cada año era mayor la cantidad de españoles a cargo del misionero, aunque la técnica de Garrucho todavía seguiría funcionando por algún tiempo. Para 1751 la misión ya producía excedentes, los suficientes para considerar construir una iglesia. A fines del verano llegaba de Arizpe Don Joaquín de Cázares, maestro constructor quien se encargaría de levantar un edificio de unos 15 m. de largo por 4.5 m. para la iglesia, además de una hilera de cuartos alrededor de un patio central con dimensiones de unos 27 m por cerca de 32 m. Este sería el momento culminante de la historia de Guevavi.

Para entonces, el Padre Jacobo Sedelmayr, desde su próspera misión en Tubutama, se había encargado de la continuación de la expansión misional en toda la Pimería Alta, realizando también viajes exploratorios al río Colorado en 1744, 1749, 1750 y otro más después de 1751, además de escribir un informe de sus actividades e ir a la Cd. de México para promover otro impulso misionero más para la región.

Al inicio de la década de 1750 el panorama se veía promisorio, Sedelmayr había sido nombrado Visitador de las Misiones de la Pimería Alta, lo que se consideraba como primer paso hacia el establecimiento de otra Provincia jesuítica en esta región.

Además, en 1739 había muerto en Madrid el Marqués de Villapuente, quien en su testamento dejó cierto dinero para que se establecieran dos misiones más en la Pimería Alta, aunque varios factores se combinaron para impedir esta realización, y no se logró sino hasta que se dio inicio a las nuevas misiones de Sáric (1750) y Sonoita (1751), y otros misioneros más llegaron a trabajar en la Pimería Alta: Tomás Tello a Caborca, Enrique Ruhen a Sonoita y Juan Nenvig a Sáric. La idea era, como siempre, por medio de estas misiones:

"...penetrar a las tribus de los ríos Gila y Colorado..."

 

  
    
     

 

 

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Registro No: 03-2002-061716581500-1

Para utilizar esta información, se debe citar la fuente:
Autor: Alberto Suarez Barnett
Obra: Bosquejo Histórico de Nogales, Sonora
Fuente: http://www.municipiodenogales.org

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